Gianella y Lo Grippo, dos de los «viejitos» vigentes

A los 39 años, en la Liga Nacional el base de Peñarol y el ala pivote de Atenas les dieron las victorias a sus equipos en la última jugada.

En el imponente AT&T Center de Texas, Emanuel Ginóbili utiliza la cortina de LaMarcus Aldridge. Toma distancia, arma el tiro y saca una daga por sobre los 208 centímetros de Al Horford para darle, con ese triple, el triunfo a San Antonio sobre Boston. Bastante más acá, en Salta, Nicolás Gianella toma la pelota, encara por derecha, aprovecha quedar emparejado con Alejandro Zilli tras la cortina, penetra y suelta la flotadora de zurda, que se convertirá en doble y éxito de Peñarol frente a Salta Basket. En Santiago del Estero, Diego Lo Grippo recibe un pase de Jerome Meyinsse, que amaga con la penetración y abre la pelota a su derecha. Sin marcas, el santafesino apenas tiene que despegar los pies del parqué para que su doble se convierta en la victoria de Atenas ante Olímpico.

Hasta ahí, tres jugadas determinantes sin mucha más relación que haberse convertido en tres días consecutivos. Sin embargo, las emparenta algo: los autores tienen entre 39 y 40 años.

El deporte en general, y el básquetbol en particular, parece hacerle cada vez más lugar a los tipos de experiencia. A los «viejos». ¿Es así realmente? En todo caso, lo que sucede es que el profesionalismo es cada vez mayor y los atletas cuentan con cada vez más herramientas para sostenerse en el tiempo y desafiar al número de documento.

Desde las preparaciones físicas especializadas, los cambios en la alimentación y hasta la disciplina autoimpuesta, los basquetbolistas no son ajenos a los recaudos que deben tomar como deportistas de élite.

Aunque muchas veces, e independientemente de las edades, el físico igualmente puede conspirar en contra de uno mismo. Y ahí entran las ganas, la autodeterminación, el compañerismo, el liderazgo. Fue el caso de Lo Grippo (39), que estuvo enfermo durante la semana, antes de enfrentar a los santiagueños. Rozó los 40 grados y, sin estar al 100%, viajó igual y resultó factor clave.

Gianella (39), en tanto, condujo a los marplatenses a la primera victoria en la Liga Nacional y, al menos en el arranque del torneo, lejos de posicionarse como un mero acompañante, está haciéndose cargo de las decisiones. Es, además, el jugador con segunda mejor valoración del equipo de Leo Gutiérrez, sólo por detrás del estadounidense Pettigrew.

El base de Peñarol se reconoce como un tipo que le da -tal vez demasiada- importancia a lo que come. «En mi caso, quizás rozo la obsesión, y no creo que sea bueno. Pero es clave», admite. «Dejé algunas cosas que en otra época parecían sagradas, como las pastas los días de partido», cuenta. Y agrega: «Probé cómo me sentía reemplazando esas comidas por otras y fue para mejor. Por lo general, recibís esa información de jugadores que están en los niveles más altos, lo experimentás y decidís qué hacer. Con los años te conocés mejor y entendés qué es lo que te hace bien«.

En el caso de Manu (40), no sólo cuenta con una organización de primerísimo nivel en San Antonio, sino también con Paulo Maccari, su primo y fisioterapeuta personal, con quien ha diagramado los métodos que mejor se ajustan a su cuerpo, una máquina única cuyo funcionamiento también lo es. «Las puestas a punto ya no son tan sencillas. El calentamiento un día de partido me lleva cerca de 40 minutos y hago tantos ejercicios que no podría ni nombrarlos», explica el bahiense.

Lo Grippo, por su parte, encontró en Atenas un contexto ideal desde que Bruno Lábaque se hiciera cargo del puesto de mánager e insistiera con la profesionalización de las áreas. Hoy, además de su constancia, aliada imprescindible, tiene cerca el trabajo de Mario Di Santo, especialista en neurociencia, que trabaja codo a codo con un cuerpo de preparadores físicos que adapta cada ejercicio de manera personalizada, tanto para él como para sus compañeros

Nota: Mauricio Codocea en Clarín

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